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TE CUIDADO CON LAS SIRENAS QUE ESTÁN EN TU MENTE

MI IRA ME VA A DESTRUIR MÁS QUE TU ERROR.

 “Es más probable que mi ira me haga más daño que tu error.” — Epicteto.

Epicteto nos recuerda una ley simple y brutal: la pasión desbordada pesa sobre quien la alimenta. Cuando te enfureces, el daño no queda confinado al otro; se aloja en tu cuerpo, tu mente y tus decisiones. La ira activa un torrente fisiológico —adrenalina, tensión, impulsos— que nubla el juicio, erosiona la salud y destruye oportunidades. En el plano moral y social, la ira te convierte en agente de reacciones que después lamentarás: palabras que no se pueden retirar, alianzas que se quiebran, tiempo perdido en conflictos estériles.

Para los estoicos, los sucesos externos no hieren; lo que hiere son nuestras impresiones y juicios sobre esos sucesos. Alguien comete un error: ese evento está fuera de tu esfera de control. Tu respuesta —la ira— está dentro de tu esfera de elección. Elegir serenidad es elegir salud, libertad y claridad.




Consecuencias prácticas

  • Decisiones tomadas desde la ira suelen ser malas decisiones y costosas.

  • La ira crónica desgasta el cuerpo: sueño, sistema inmune y relaciones.

  • Mantener la calma preserva autoridad, creatividad y posibilidades de reparación.

Ejercicios prácticos (aplicables hoy)

  1. Respira y gana tiempo. Al percibir ira: inhala profunda y pausadamente 4 segundos, exhala 6. Repite tres veces. Luego pide 10 segundos antes de responder.

  2. La pregunta de control. Pregunta: ¿Qué de esto puedo controlar ahora? Enlista hasta 3 acciones concretas y ejecutables.

  3. Retrasa la irrevocabilidad. Si vas a enviar un mensaje o decir algo que podría romper, guarda borrador y revisa en 24 horas. Muchas decisiones cambiaron tras unas horas.

  4. Reencuadre veloz. Busca la intención probable detrás del error (ignorancia, prisa, descuido). Pensar en causas disminuye la carga emocional y abre solución.

  5. Carta al yo del pasado. Escribe una breve carta (3–5 frases) desde tu versión serena: explica por qué prefieres actuar con calma y qué ganarás.

Mini-meditación guiada (1 minuto)

Cierra los ojos. Nota la tensión en el cuerpo —mandíbula, cuello, manos—. Lleva la respiración al abdomen. Imagina la ira como una nube roja: obsérvala sin seguirla; respira y permite que se disipe. Repite: “Elijo actuar con claridad.” Abre los ojos.

Tres preguntas para el diario (cada vez que aparezca la ira)

  1. ¿Qué pasó exactamente y qué parte de eso depende de mí?

  2. ¿Qué puedo construir ahora que sea útil para mí y para los demás?

  3. ¿Cómo quiero recordar este momento dentro de un año?

La ira promete justicia instantánea, pero cobra a plazos la paz, la salud y la razón. Elegir la calma no es resignación: es estrategia —la estrategia del alma que quiere prosperar. Practica la pausa, cultiva el juicio y convierte cada agravio en oportunidad para fortalecerte.


Revisa el video completo: 




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